Microsoft rediseña el inicio de sesión para cuentas personales con foco en passkeys y sin contraseñas, pero ¿a qué precio?

La compañía despliega una nueva experiencia de autenticación que prioriza la usabilidad y la seguridad, aunque refuerza la dependencia de sistemas propietarios y plantea dudas sobre el futuro de la identidad digital.

Microsoft ha iniciado el despliegue de una nueva experiencia de autenticación para sus cuentas personales, utilizadas por más de 1.000 millones de personas en todo el mundo. El rediseño, basado en el lenguaje de diseño Fluent 2, introduce una interfaz más simple, adaptativa y con soporte para modo oscuro, pero lo más relevante es su apuesta decidida por los passkeys, un sistema de acceso sin contraseñas que plantea un cambio de paradigma en la forma en que los usuarios acceden a servicios digitales.

La nueva interfaz estará disponible a lo largo de marzo y abril de 2025 para los usuarios de Windows, Xbox y Microsoft 365 en plataformas web y móviles, con una posterior expansión hacia otras aplicaciones del ecosistema Microsoft.

Una experiencia más fluida… y más cerrada

El rediseño elimina pasos innecesarios, reorganiza el flujo de autenticación y ofrece pantallas centradas y visualmente coherentes con el resto de productos de Microsoft. Además, permite a los usuarios crear una cuenta introduciendo simplemente un correo electrónico existente, que se valida mediante un código temporal, lo que evita la necesidad de establecer una nueva contraseña.

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La compañía también promueve el uso de passkeys —credenciales cifradas almacenadas en el dispositivo del usuario— como método predeterminado para iniciar sesión, desplazando a las contraseñas tradicionales. Según Microsoft, esta tecnología es tres veces más rápida y más segura, al eliminar el riesgo de reutilización o robo de contraseñas.

El dilema del «futuro sin contraseñas»

Sin embargo, esta transición hacia un entorno passwordless despierta interrogantes. Si bien la tecnología de passkeys ha sido promovida por empresas como Microsoft, Google y Apple como la evolución natural de la autenticación, su implementación refuerza la dependencia de infraestructuras centralizadas y sistemas cerrados, en lugar de fomentar soluciones abiertas y descentralizadas.

Expertos en seguridad digital han advertido que, aunque los passkeys representan una mejora técnica, también pueden implicar una pérdida de control del usuario sobre sus credenciales, especialmente si están ligadas a dispositivos o sistemas propietarios. ¿Qué ocurre si un usuario pierde acceso a su dispositivo? ¿Qué opciones reales tiene para recuperar su identidad digital sin depender de las políticas de recuperación de una gran tecnológica?

Además, el propio Microsoft admite que los cambios no afectan de momento a las cuentas profesionales (Microsoft Entra), lo que refleja que el modelo aún no es plenamente escalable ni universal. La experiencia positiva en entornos personales no garantiza una adopción sin fricciones en contextos empresariales o institucionales.

Más diseño, menos contraseñas… y más preguntas

Microsoft asegura que el nuevo sistema se basa en las preferencias de los usuarios, incluyendo el soporte de modo oscuro, una navegación más sencilla y un diseño consistente. Pero más allá de la estética, el verdadero impacto está en cómo se redefine la relación entre usuarios y proveedores de identidad digital.

La apuesta por un futuro sin contraseñas puede parecer inevitable, pero también representa una concentración de poder en manos de unas pocas corporaciones. La comodidad de no recordar contraseñas no debe eclipsar la necesidad de transparencia, interoperabilidad y soberanía del usuario sobre sus propios datos de acceso.

En un momento donde la identidad digital es más valiosa que nunca, el rediseño de Microsoft es tanto una mejora como una advertencia: el camino hacia una autenticación más segura no debería significar renunciar a la autonomía ni depender ciegamente de los gigantes tecnológicos.

Fuente: Noticias Internet Útil

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